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Artículo V. Declaración Doctrinal.


1. Las Sagradas Escrituras.

Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, inspirada plenaria y verbalmente, la regla final por medio de la cual Dios se dirige a su pueblo en asuntos de fe y conducta, sin error en los manuscritos originales, infalible e inspirada directamente por Dios, completa, a la cual, no se le puede agregar ni quitar palabra alguna (2Tim.3:16-17; 2Pedro 1:21; Mt. 5:18; Juan 16:12-13; Gál.1:8-9; 1Pedro 1:25; Apo.22:19).

2. El único Dios verdadero manifestado en la Trinidad.

Creemos en la existencia eterna de un Dios, el creador del cielo y de la tierra; que a pesar de sus diferentes atributos y su autorevelación en las tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, es UNO solo, una sola Deidad en que están unidas dichas personas. Cada una de las personas de la Trinidad es Dios, teniendo los mismos atributos de Dios, iguales en poder y gloria y con responsabilidades distintas pero armoniosas en la gran obra de redención. (Gén.1:1; Deut.4:35; 6:4; 32:39; 2Cor.13:14; 1Cor.8:4,6; Mt. 3:16,17; 28:19,20; Juan 1:1-3; 5:36-40; Rom.1:1-6; Efe.1:3-10; 4:3-6).

3. La Persona y Obra del Señor y Salvador, Jesucristo.

Creemos que el Señor Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, fue concebido milagrosamente por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María y nació de ella como su hijo primogénito, siendo a la vez, en el ministerio de su persona, verdadero hombre y verdadero Dios. El vivió una vida sin pecado y en Su muerte, se ofreció a sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo siendo así el autor y mediador de la eterna salvación. El Padre lo resucitó corporalmente al tercer día, y lo exaltó a Su diestra donde actualmente intercede por Su pueblo. Como nuestro Sumo Sacerdote, El Señor Jesucristo desempeña su ministerio de Representante, Intercesor y Abogado. El volverá un día y arrebatará a su iglesia. Luego se revelará al mundo (Apo.1:7), establecerá Su reino y se sentará en el trono de David. Ese evento es inminente y será personal, antes de la gran tribulación, y antes del milenio. (Isa.7:14; Mt. 1:18-25; 28:6; Juan 1:1; 14:3; Hch. 1:9,10; 15:16; Rom.8:34; 1Tes.4:16; 2Tes.2:6-8; Heb.9:24; 7:25; 1Pedro 2:22; 3:18; 1Juan 2:1,2).

4. La Persona y Obra del Espíritu Santo.

Creemos que el Espíritu Santo es una Persona divina, que posee todos los atributos de la personalidad y de la deidad, quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio; creemos que es el Agente sobrenatural de la regeneración, y él que bautiza a todos los creyentes, uniéndolos al Cuerpo de Cristo, morando en ellos, y sellándolos para el día de la redención. El es uno con el Padre y con el Hijo y es de la misma naturaleza. Creemos que hay una distinción entre el ministerio del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y Su ministerio en el Nuevo Testamento. Creemos que él es el divino Maestro, quien guía a los creyentes a toda verdad y los santifica. Al ser bautizados en el Cuerpo de Cristo, él reparte a cada creyente dones espirituales para la edificación de la iglesia y para perfeccionar a los santos en la obra del ministerio, y creemos que es el privilegio y el deber de todo hombre salvo la llenura del Espíritu. Creemos que la Biblia enseña que los dones de sanidades, hacer milagros, profecía, hablar en lenguas e interpretación de lenguas no son vigentes hoy en día y que la Biblia rechaza la teoría de determinar la verdad por medio de la experiencia propia y la práctica ecuménica del movimiento carismático. (Juan 7:39; 14:16,17,26; 16:7-15; Hch. 1:5; 2Cor.3:6; 1Cor.12:8-14,28-31; 13:8-12; 14:26; Rom.8:9; 12:3-8; Efe.1:13,14; 4:4-16; 5:18; 1Juan 2:20,27; Heb.9:14; Apo.22:18,19).

5. La Depravación Total del Hombre.

Creemos que Dios creó al hombre y que él fue creado sin pecado, en un estado de inocencia, a la imagen y semejanza de Dios, pero que en el pecado de Adán la raza humana cayó. Por su propia voluntad pecó, heredando una naturaleza pecaminosa, y quedando separado de Dios; creemos que el hombre está totalmente depravado, por sí mismo enteramente incapaz de remediar su condición de perdido y entonces, bajo condenación sin defensa ni excusa. (Gén.1:26-28; 3:1-6,24; Isa.53:6; Jer.17:9; Rom.3:10-19,22,23; 5:12-19; Efe.2:1-3,12).

6. La Salvación.

Creemos que la salvación, o sea la vida eterna, es el don de Dios, provisto al hombre por gracia y no por hacer buenas obras; recibida por fe personal en el Señor Jesucristo, quien derramó su sangre preciosa en el Calvario para el perdón de nuestros pecados. Creemos que el pecador es hecho hijo de Dios al arrepentirse de sus pecados y pedir personalmente a Dios la salvación. No hay salvación fuera de la gracia de Dios y la obra de Jesucristo en la cruz. (Efe.1:7; 2:8-10; Juan 1:12; 3:3-6,16; 10:28,29; 1Pedro 1:18-23; 2Pedro 1:4; 3:9; 1Cor.1:17; 2Cor.7:9,10; 1Juan 5:11,12; Rom.2:4; 10:13; Lucas 13:3; Hch. 2:38; 4:12; 13:39; 16:31; 17:30; 1Tim.2:5,6; Heb.4:2).

7. La Seguridad Eterna del Creyente.

Creemos que todos los redimidos, una vez salvos, son guardados por el poder de Dios, y que de esta manera están seguros en Cristo eternamente. Creemos que es el privilegio de los creyentes gozar de la certeza de su salvación, por el testimonio de la Palabra de Dios; la que sin embargo prohibe el uso de la libertad cristiana como ocasión a la carne. (Juan 5:24; 6:37-40; 10:27-30; Rom.8:38,39; 13:13,14; 1Cor.1:4-8; 1Pedro 1:5; Gál.5:13; Tito 2:11-15; Efe.4:30; Heb.6:1-8; 1Juan 5:11-13).

8. Las Dos Naturalezas del Creyente.

Creemos que todo hombre salvo tiene dos naturalezas, la antigua, o humana, y la nueva, o espiritual; más tiene a su alcance la victoria de la nueva sobre la antigua, por el poder del Espíritu Santo que mora en él; y creemos que no es bíblica ninguna pretención a la erradicación (o sea el desarraigo) de la naturaleza antigua durante esta vida presente. (Rom.6:13; 8:12,13; Gál.5:16-25; Efe.4:22-24; Col.3:10; 1Pedro 1:14-16; 1Juan 3:5-9).

9. La Separación Personal.

Creemos que todo hombre salvo debe vivir de tal manera que no traiga reproche a su Salvador y Señor, y que por la ayuda del Espíritu Santo debe vivir en amor cristiano y piedad, mostrando las cualidades de honestidad, integridad, perdón y amabilidad. No debemos amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo, más bien debemos huir de los deseos y pensamientos pecaminosos, y evitar toda clase de maldad que pueda destruir el testimonio u ofender a otro hermano en Cristo. Creemos que Dios ordena separación de todos los placeres, costumbres y compañerismos mundanos pecaminosos. (Fil.4:8; Prov.5:33; 2Tim.3:1-5; Rom.12:1,2; 14:13,19-21; 1Juan 2:15-17; 2Juan vv.9-11; 1Cor.6:18-20; 8:9-13; 10:23,33; 2Cor.6:14-7:1; Efe.4:32; 5:1,2,7-11,15-20; 1Tes.4:7; 1Pedro 5:5,6; Gál.5:22-25).

10. La Separación Eclesiástica.

Creemos que Dios ordena separación de toda apostasía religiosa como lo vemos ilustrado en diversas organizaciones eclesiásticas. Esta verdad se debe practicar con una actitud de devoción a Dios, humildad, compasión y aún con convicción, y así crear la condición correcta y ambiente apropiado para el objetivo principal, o sea la salvación de los perdidos por medio del evangelio de Cristo. Creemos que el evangelismo ecuménico el cual involucra apostasía viola los principios enseñados en la Palabra de Dios. No participaremos ni colaboraremos en ninguna forma con denominaciones ni asociaciones de doctrina o práctica carismática. (Mt. 10:34-39; 18:15; Rom.16:17; 1Cor.5:7-13; 2Cor.6:14; 11:4; Gál.1:8,9; 1Tim.6:3-6; 2Tim.2:16-18; Tito 3:10; 2Juan vv.9-11).

11. La Obra Misionera.

Creemos que es la obligación de los hombres salvos dar testimonio con su vida y palabra de las verdades de la Sagrada Escritura, y esforzarse en proclamar el Evangelio a toda la humanidad. (Marcos 16:15; Hch.1:8; 2Cor.5:19,20).

12. El Ministerio y Los Dones Espirituales.

Creemos que Dios confiere, como Soberano, dones espirituales a creyentes en el momento de su conversión, y que los de evangelista, pastor y maestro son suficientes para el perfeccionamiento de los santos de nuestra época; creemos que el hablar en lenguas, el obrar milagros, el don de profecía, el don de interpretación de lenguas y el don de sanidades, como señal, gradualmente fueron retirados de la Iglesia al completarse las Escrituras del Nuevo Testamento y establecerse su autoridad. Pero sí creemos que Dios oye y contesta, según su propia voluntad, la oración de fe para la sanidad de los enfermos y afligidos, pero no como resultado de un don espiritual. (1Cor.12:4-13,28-31; Efe.4:7-12; 2Cor.12:8-12; Rom.12:3-8; Juan 15:17; 1Juan 5:14,15).

13. La Iglesia.

Creemos que la Iglesia que se fundó en el Día de Pentecostés, tiene que ser considerada en 2 aspectos: la iglesia local y la Iglesia que es el Cuerpo y la Novia de Jesucristo. La iglesia local es un cuerpo de creyentes bautizados, asociados por un pacto en la fe y comunión del evangelio, participando de las ordenanzas de Cristo y gobernado por los principios de la Palabra de Dios. Los oficiales bíblicos de una iglesia local son los Pastores (Las palabras "obispo" y "anciano", como utilizadas en el Nuevo Testamento, se aplican a la misma persona y son intercambiables.) y los diáconos, cuyas calificaciones y deberes son definidos en las epístolas a Timoteo y a Tito. El oficio pastoral es claramente limitado para hombres. Dios específicamente asignó el liderazgo y autoridad en la iglesia local a hombres. Creemos que el establecimiento y la continuación de las iglesias locales están claramente ordenadas y definidas en las Escrituras del Nuevo Testamento. Esta definición de la iglesia local nos conduce ciertos principios que nos distinguen como Bautistas. Esos principios se encuentran en la sección, "Las Creencias que Nos Distinguen Como Bautistas". La Iglesia que es el Cuerpo de Jesucristo es un organismo espiritual, compuesto de todas las personas renacidas, sean creyentes judíos o gentiles, no importa su asociación eclesiástica ni su posición presente en el cielo o en la tierra. (Mt. 28:19,20; Efe.1:22,23; 5:25-27; 1Cor.12:12-14; 2Cor.11:2; Hch. 1:5; 2:1-4,41,42; 10:44,45; 11:15,16; 14:27; 20:17,28-32; 1Tim.2:11-14; 3:1-13; Tito 1:5-11; Heb. 12:23).

14. El Dispensacionalismo.

Creemos en el punto de vista dispensacional en la interpretación bíblica, pero rechazamos la enseñanza dispensacional extrema, conocida como hiperdispensacionalismo, como por ejemplo la que se opone al bautismo de agua y a la Santa Cena, como medios de testimonio de parte de la Iglesia en esta edad presente. (Mt. 28:19,20; Hch.2:41,42; 18:8; 1Cor.11:23-26).

15. El Bautismo.

Creemos en el bautismo del creyente por inmersión, no como una ordenanza de salvación, sino como un testimonio de su fe en el Señor Jesucristo, y su deseo de seguirle. (Mt. 29:19; Hch.8:36-38).

16. La Personalidad de Satanás.

Creemos que Satanás es una persona, autor del pecado y la causa de la caída del hombre; que es abierta y declaradamente el enemigo de Dios y del hombre; y que será castigado eternamente en el Lago de Fuego. (Job 1:6,7; Isa.14:12-17; Mt. 4:2-11; 25:41; Apo.20:10).

17. La Santificación.

Creemos que la Santificación Bíblica es el proceso por el cual, según la voluntad de Dios, el creyente es separado del pecado y separado para Cristo; y tiene tres aspectos: A.) El creyente ha sido separado posicionalmente ante Dios en el momento que creyó en Cristo en la salvación. (1Cor.1:30; 6:11; 2Tes.2:13; Heb.10:10,14). B.) El creyente está siendo separado progresivamente en su andar día por día mientras crece en la gracia de Dios hacia la semejanza del Señor Jesucristo por medio del poder del Espíritu Santo usando el medio establecido por Dios, o sea, la Palabra de Dios y utilizando la autoexaminación, la vigilancia, la oración, y el sometimiento al Espíritu por medio de cambio bíblico. (Juan 17:17; Rom.8:13; 2Pedro 3:18; Rom.8:28,29a; 2Cor.7:1; Efe.4:11-16; 1Tim.4:7b; Heb.5:12-14; 1Juan 3:3; Rom.12:1,2; Efe.4:22,24). C.) El creyente será separado definitivamente de la presencia misma del pecado cuando su santificación sea completada con la venida de Cristo en el rapto. (1Juan 3:2; 1Tes.3:13; :23)


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